Desde el 4 de agosto de 2022 hasta hoy. Miles de mensajes, viajes, un bebé, muchas peleas y muchas más reconciliaciones. Todo escrito por nosotros, para llegar hasta aquí, y seguimos aquí, en la lucha.
Ahí arrancó todo, de verdad. Desde ese día decidimos caminar juntos, con todo lo bueno y lo difícil que trae empezar una relación en serio.
Ahí aprendimos a conocernos de verdad: a discutir, a pedirnos perdón, a construir confianza para todo lo que venía después.
Dos años después de empezar, entre torpezas, malos entendidos y las mismas ganas de siempre, seguíamos escribiéndonos todos los días.
Con casi dos años juntos ya, te seguía diciendo esto:
No sé si fue la primera vez que lo pensaste, pero sí es la primera vez que quedó escrito. Guarda esa frase, porque vamos a volver a ella.
Una cena, una noche imperfecta y perfecta a la vez, y esto al día siguiente:
Entre risas y nervios escogimos, entre cuatro nombres, el que se quedaría para siempre: Geralth Isaac Herrera Berrio. Nuestro hijo. La prueba más grande de que esto es real.
Noches sin dormir, pañales, miedos nuevos, y tú cuidando a nuestro "golditoo" como solo una madre sabe hacerlo. Seguimos diciéndonos esposo y esposa, aunque el papel todavía no lo dijera.
Cuatro años desde aquel 4 de agosto, un hijo, cientos de peleas superadas y una sola certeza: quiero que esto sea para siempre, de verdad, frente a todos.
Cada mañana llenaste nuestros mensajes de bendiciones antes que de quejas. Quisiste construir esta familia "bajo la bendición de Dios", y lo dijiste en serio.
Te vi asustada, dolorida y agotada, y aun así siempre primero preguntaste si él estaba bien. Esa es la clase de madre que quiero para mis hijos.
Tuvimos noches horribles, silencios largos, mensajes que dolieron. Y aun así, al día siguiente seguías ahí, escribiendo "buenos días mi amor" otra vez.
"Muñequita, hembrona, mujerona o como quieras llamarme" — así te describiste una vez. Esa mezcla de fuerza y ternura es exactamente lo que me enamoró.
Sin anillo, sin papeles, sin fiesta, ya éramos una familia. Ya nos decíamos esposo y esposa cuando todavía nadie más lo sabía.
Ahí vivimos uno de los momentos más lindos y significativos de nosotros dos. Sin afán, sin rutina, solo tú y yo viviendo algo que todavía recordamos con ganas de repetirlo.
Antes de pedirte que camines conmigo el resto de la vida, ya caminamos bastante juntos. Hemos sido una pareja de carretera, de playa, de casco compartido y acordeón de fondo. Cada viaje fue una prueba pequeña de que sí funcionamos, incluso lejos de la rutina y de la casa.
Planes armados, cervezas frías y las ganas de siempre de escaparnos un fin de semana los dos solos.
El acordeón, los cantantes, las fotos que aún buscamos para el tbt. Un lugar al que siempre queremos volver.
Playa, sol y ganas de desconectarnos del mundo, aunque fuera por un par de días.
Gracias al apoyo del compadre, pasamos allá una tarde maravillosa. Un lugar pequeño que se quedó grande en los recuerdos.
Nuestra moto. La que nos sacó a rodar más veces de las que puedo contar, y que — como tú misma dijiste — "es de los dos".
Así has sido siempre: no lo piensas dos veces cuando se trata de vivir algo conmigo. Ahora te estoy invitando a la aventura más grande de todas.
No fingiré que todo fue fácil. Hubo días donde dijimos "hasta aquí", noches en las que dormimos separados sin estarlo, miedos, celos, cansancio y palabras que no debimos usar. Nos pedimos perdón 190 veces registradas en este chat — y las 190 veces decidimos quedarnos, volver a intentarlo, volver a elegirnos. Eso, para mí, ya es una prueba más contundente que cualquier anillo.
¿Quieres casarte conmigo?
Gracias por estos 4 años, por Geralth, por cada perdón, por cada "te amo" de los 1,720, por quedarte incluso cuando fue difícil. Ahora sí, vamos a construir todo lo que soñamos desde el 4 de agosto de 2022 — pero esta vez, frente a todos.